¿Por qué es tan difícil elogiar?
Parece que en la época que nos ha tocado vivir decirle a alguien un cumplido o elogio es casi sinónimo de bajarnos los pantalones.
Poder decir buen trabajo, bien hecho o solo gracias, es algo casi tan extraño como ver un hipogrifo por las calles de mi ciudad.
Mis padres me enseñaron varías normas básicas de educación:
Sin embargo, según parece, en la sociedad actual, y más concretamente en los entornos de trabajo, felicitar un trabajo bien hecho es un bien que no todos tienen a su disposición.
Y, sinceramente, no nos damos cuenta de la potencia que tiene una felicitación [hablamos de felicitación óptima, que es aquella que realmente es merecida, no pensemos que por sentarnos derechos en la silla tenemos que recibir un cumplido]: poder motivar.
Esta motivación laboral, no sólo parte de las empresas, si no de las personas que las componen.
He escuchado tantísimas veces a lo largo de mi carrera profesional: estoy muy harto de la empresa porque Fulanito (cargo intermedio) no ha cumplido su palabra.
Y es que aunque sean personas contratadas, son cargos intermedios y jamás hay que olvidar que un cargo intermedio REPRESENTA A LA ENTIDAD, es la cara que se puede palpar de la empresa, con lo que lo que él o ella hagan afectará a todos.
Y es que todavía muchas personas siguen utilizando de forma errónea el concepto de motivación.
Antiguamente la motivación consistía en la exigencia, no solo a uno mismo, si no a los que tenías a tu cargo, daba igual el camino recorrido, lo que hubieras conseguido, el fin debía ser más y mejor.
[Momento anécdota] Cuando era dependienta tenía un supervisor al cargo que siempre me pedía más, nunca estaba contento con nada. ¿Qué vendía dos piezas de... fruta (por poner algo)? Me decía ¿por qué no le has vendido 3? Y siempre me llevaba un cabreo monumental a casa, me sentía muy frustrada.
Un día hice LA VENTA, en mayúsculas, mis 12 piezas de fruta, así sin más, el cliente solo venía a mirar y al final cayeron, me costó, era duro, pero lo conseguí.
Todos los dependientes llevábamos unos pinganillos monisimos, y mis compañeros se lo contaron a mi supervisor, casi vitoreándome, hay que entender que la cuenta ascendía a unos 700€ y en piezas de fruta es una pasada.
Bueno, pues cuando mi jefe/responsable se enteró me dijo: ¿por qué no les has vendido el frutero? y cuando, muy orgullosa de mi hazaña, le dije: también sé lo llevan, su respuesta fue: ¿y las bolsas? [/fin]
Y es que estamos acostumbrados a pedir siempre más, a resaltar el lado negativo pero no potenciar los positivos y, bajo mi punto de vista (recordemos que este blog son mis divagaciones) es erróneo.
No digo que exigir sea erróneo, siempre les digo a mis chicos que apunten a la luna para conseguir las estrellas, o dicho de otro modo: estudia para un 10 y sacarás un 7, estudia para un 5 y es muy probable que suspendas.
Con lo que la exigencia es buena, pero todo en su justa medida, porque una exigencia desmedida lo único que puede provocar es justo el efecto contrario al esperado: desilusión, desmotivación y falta de ganas.
Lo primero que tenemos que recalcar es que estamos en una cultura donde no destaca, ni mucho menos, el reconocimiento.
Es cierto que mucha gente piensa que depender del reconocimiento no es sano, y es evidente que cualquier persona que base todos sus principios en lo que opinen el resto debería autoevaluarse, pero por reconocer el trabajo bien hecho no estamos fomentando ciertas actitudes no válidas. Igual que hemos comentado con la exigencia, todo en su justa medida y utilizado con responsabilidad es bueno, no solo para nosotros, que también, si no para nuestros equipos.
Empecemos con un poco de historia, Maslow a principios del siglo XX formuló una teoría que llamó: “Una teoría sobre la
Motivación humana”, en su teoría de la motivación trata de explicar qué impulsa la conducta humana.
Para ello dibujó una pirámide con cinco niveles, estos organizados de forma jerárquica según las necesidades humanas. La teoría dice que no podemos llegar al siguiente nivel si no hemos “conquistado” el anterior.
De esta forma podemos comprobar que el reconocimiento es uno de los niveles más altos de la pirámide, y lo define como: las necesidades de reconocimiento como la confianza, la independencia personal, la reputación o las metas financieras.
Posteriormente, Herzberg, hizo una teoría sobre la satisfacción y la insatisfacción de los empleados:
Estos factores higiénicos se refieren a las necesidades primarias de Maslow: necesidades fisiológicas y necesidades de seguridad, aunque incluye algún tipo social. Mientras que los factores motivacionales se refieren a necesidades secundarias: de estigma y autorrealización.
Con lo que varios autores nos presentan que para estar motivados necesitamos el reconocimiento.
Pero cuando hablamos de reconocimiento es tanto externo como interno.
A partir de aquí, me surgen ciertas cuestiones que, aunque yo tenga tan clara la potencia del “arma” que tenemos entre manos no podamos utilizarla correctamente.
[Momento anécdota] Hace un tiempo, hablando con uno de mis mejores amigos, en mitad de una conversación me increpó por algo que yo no estaba haciendo bien, más bien me echó una pequeña bronca.
Poco después, en otra conversación diferente otro día diferente, mi querido amigo hizo algo parecido a lo que yo había hecho y sin más le eche en cara como podía decirme que yo hago mal las cosas si él también lo hace[/fin]
Y es que, según parece, sin pensarlo, sin quererlo, echo en cara aquello que no me ha gustado, aquello que me ha herido, cuando tengo la oportunidad de hacerlo, como queriendo demostrar que la otra persona es igual de malo o peor que yo.
Esto se hace mucho en el entorno laboral, no solo en el personal, cuando alguien te dice que has hecho de forma incorrecta algo hay dos opciones:
Si lo aceptamos, no hay problema se asume. Pero no todo el mundo te dice las cosas de la misma forma, ni todos los días estás de la misma manera, ni todas las frases te sientan igual, de hecho: alguna vez habéis dicho ¿es que si me lo dice esa otra persona me da igual lo que opine de mi no me hiere tanto pero tú?
Y es que en una conversación no solo es la frase, es el conjunto:
Además se añade a la ecuación que es más sencillo recordar lo malo que lo bueno, también debemos explicar que nuestra mente acomoda nuestros recuerdos traumáticos para que no lo sean tanto y de esta forma que no suframos en exceso, se recuerda lo malo es cierto, pero no de la forma que ocurrió si no que lo transformamos y de forma casi natural y sin querer lo echamos en cara a la mínima.
Es posible que solo sea una reacción para demostrar, en este ejemplo en concreto, que no soy tan mala persona como creo que me está diciendo que soy.
Hay muchos otros ejemplos: como cuando un responsable, de forma inconsciente, va mellando la confianza de la persona que más destaca en su equipo. O como un profesor que va dejando en ridículo a ese alumno que sabe más que él.
Y ese es el problema, que CREO que me está diciendo que soy mala persona, y sin embargo lo único que está intentando hacer es ayudarme.
Nos sentimos atacados y luchamos. Somos animales de supervivencia.
Sinceramente, y después de mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que mi intención, jamás, fue herirle y mucho menos quedar por encima, aunque en muchas de las ocasiones así lo pareciera, fue un acto reflejo, un acto defensivo que a partir de ahora intentaré controlar.
¿Y si aprendiéramos que si alguien nos dice algo que no nos gusta, o es mejor que nosotros o sabe más que nosotros, no es un ataque si no una oportunidad de aprender?
“Tendemos a criticar mucho y a no remarcar las virtudes del resto. Es necesario un cambio cultural.”
Nos cuesta trabajo porque hemos sido educados en una cultura donde “todo vale”, si alguien público mete la pata el escarnio es peor que cuando lo llevaban a la plaza del pueblo, porque ahora tenemos a nuestro alcance una herramienta tan poderosa como internet y el anonimato.
Y si ya mirando a los ojos al otro, como hemos explicado, es “fácil” quedar por encima, imaginad cuán fácil y sencillo es cuándo nadie puede herirnos.
Y es que criticar es muchísimo más sencillo. De hecho en el vocabulario hay más palabras que se relacionan con cosas negativas que positivas.
Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, porque nos da igual como pueda sentirse, nos da igual el después o simplemente porque estamos actuando a la defensiva.
Con lo que, si hacemos balance hasta ahora tenemos:
No, el esfuerzo se valora, el problema es que no se dice. Y he aquí el camino abierto. Si valoramos el esfuerzo, simplemente demos un paso más allá y reconozcámoslo.
He estado en tantísimas reuniones donde se hablan maravillas de otras personas, y sin embargo éstos están hundidos y pensando irse de la empresa porque jamás se les ha reconocido el trabajo bien hecho.
Un "bien hecho" puede cambiar el mundo :)
Dicho todo esto, y si has llegado hasta este lugar, tengo que agradecerte mil veces y más haberme leído, haber invertido tu tiempo y esfuerzo en entender mis palabras y en ver que todo lo que digo lo digo con convicción.
Poder decir buen trabajo, bien hecho o solo gracias, es algo casi tan extraño como ver un hipogrifo por las calles de mi ciudad.
Mis padres me enseñaron varías normas básicas de educación:
- Se dice gracias: cuando alguien hace algo por ti
- Se dice por favor: cuando pides algo
- Se dice bien hecho: cuando alguien hace algo bien
Sin embargo, según parece, en la sociedad actual, y más concretamente en los entornos de trabajo, felicitar un trabajo bien hecho es un bien que no todos tienen a su disposición.
Y, sinceramente, no nos damos cuenta de la potencia que tiene una felicitación [hablamos de felicitación óptima, que es aquella que realmente es merecida, no pensemos que por sentarnos derechos en la silla tenemos que recibir un cumplido]: poder motivar.
¿Qué es la motivación?
Cuando hablamos de un entorno de trabajo, la motivación laboral es la capacidad que tienen las empresas y organizaciones para mantener el estímulo positivo de sus empleados en relación a todas las actividades que realizan para llevar a cabo los objetos de la misma, es decir, en relación al trabajo.Esta motivación laboral, no sólo parte de las empresas, si no de las personas que las componen.
He escuchado tantísimas veces a lo largo de mi carrera profesional: estoy muy harto de la empresa porque Fulanito (cargo intermedio) no ha cumplido su palabra.
Y es que aunque sean personas contratadas, son cargos intermedios y jamás hay que olvidar que un cargo intermedio REPRESENTA A LA ENTIDAD, es la cara que se puede palpar de la empresa, con lo que lo que él o ella hagan afectará a todos.
Y es que todavía muchas personas siguen utilizando de forma errónea el concepto de motivación.
Antiguamente la motivación consistía en la exigencia, no solo a uno mismo, si no a los que tenías a tu cargo, daba igual el camino recorrido, lo que hubieras conseguido, el fin debía ser más y mejor.
[Momento anécdota] Cuando era dependienta tenía un supervisor al cargo que siempre me pedía más, nunca estaba contento con nada. ¿Qué vendía dos piezas de... fruta (por poner algo)? Me decía ¿por qué no le has vendido 3? Y siempre me llevaba un cabreo monumental a casa, me sentía muy frustrada.
Un día hice LA VENTA, en mayúsculas, mis 12 piezas de fruta, así sin más, el cliente solo venía a mirar y al final cayeron, me costó, era duro, pero lo conseguí.
Todos los dependientes llevábamos unos pinganillos monisimos, y mis compañeros se lo contaron a mi supervisor, casi vitoreándome, hay que entender que la cuenta ascendía a unos 700€ y en piezas de fruta es una pasada.
Bueno, pues cuando mi jefe/responsable se enteró me dijo: ¿por qué no les has vendido el frutero? y cuando, muy orgullosa de mi hazaña, le dije: también sé lo llevan, su respuesta fue: ¿y las bolsas? [/fin]
Y es que estamos acostumbrados a pedir siempre más, a resaltar el lado negativo pero no potenciar los positivos y, bajo mi punto de vista (recordemos que este blog son mis divagaciones) es erróneo.
No digo que exigir sea erróneo, siempre les digo a mis chicos que apunten a la luna para conseguir las estrellas, o dicho de otro modo: estudia para un 10 y sacarás un 7, estudia para un 5 y es muy probable que suspendas.
Con lo que la exigencia es buena, pero todo en su justa medida, porque una exigencia desmedida lo único que puede provocar es justo el efecto contrario al esperado: desilusión, desmotivación y falta de ganas.
Lo primero que tenemos que recalcar es que estamos en una cultura donde no destaca, ni mucho menos, el reconocimiento.
Es cierto que mucha gente piensa que depender del reconocimiento no es sano, y es evidente que cualquier persona que base todos sus principios en lo que opinen el resto debería autoevaluarse, pero por reconocer el trabajo bien hecho no estamos fomentando ciertas actitudes no válidas. Igual que hemos comentado con la exigencia, todo en su justa medida y utilizado con responsabilidad es bueno, no solo para nosotros, que también, si no para nuestros equipos.
Empecemos con un poco de historia, Maslow a principios del siglo XX formuló una teoría que llamó: “Una teoría sobre la
Motivación humana”, en su teoría de la motivación trata de explicar qué impulsa la conducta humana.
Para ello dibujó una pirámide con cinco niveles, estos organizados de forma jerárquica según las necesidades humanas. La teoría dice que no podemos llegar al siguiente nivel si no hemos “conquistado” el anterior.
De esta forma podemos comprobar que el reconocimiento es uno de los niveles más altos de la pirámide, y lo define como: las necesidades de reconocimiento como la confianza, la independencia personal, la reputación o las metas financieras.
Posteriormente, Herzberg, hizo una teoría sobre la satisfacción y la insatisfacción de los empleados:
Estos factores higiénicos se refieren a las necesidades primarias de Maslow: necesidades fisiológicas y necesidades de seguridad, aunque incluye algún tipo social. Mientras que los factores motivacionales se refieren a necesidades secundarias: de estigma y autorrealización.
Con lo que varios autores nos presentan que para estar motivados necesitamos el reconocimiento.
Pero cuando hablamos de reconocimiento es tanto externo como interno.
A partir de aquí, me surgen ciertas cuestiones que, aunque yo tenga tan clara la potencia del “arma” que tenemos entre manos no podamos utilizarla correctamente.
¿Es posible que solo nos fijemos en lo malo?
Es una posibilidad, realmente este post comenzó precisamente gracias a esta pregunta, y es que esto me ronda desde hace algún tiempo, porque aunque no me considero mala persona soy humana.[Momento anécdota] Hace un tiempo, hablando con uno de mis mejores amigos, en mitad de una conversación me increpó por algo que yo no estaba haciendo bien, más bien me echó una pequeña bronca.
Poco después, en otra conversación diferente otro día diferente, mi querido amigo hizo algo parecido a lo que yo había hecho y sin más le eche en cara como podía decirme que yo hago mal las cosas si él también lo hace[/fin]
Y es que, según parece, sin pensarlo, sin quererlo, echo en cara aquello que no me ha gustado, aquello que me ha herido, cuando tengo la oportunidad de hacerlo, como queriendo demostrar que la otra persona es igual de malo o peor que yo.
Esto se hace mucho en el entorno laboral, no solo en el personal, cuando alguien te dice que has hecho de forma incorrecta algo hay dos opciones:
- Aceptarlo
- Pelear
Si lo aceptamos, no hay problema se asume. Pero no todo el mundo te dice las cosas de la misma forma, ni todos los días estás de la misma manera, ni todas las frases te sientan igual, de hecho: alguna vez habéis dicho ¿es que si me lo dice esa otra persona me da igual lo que opine de mi no me hiere tanto pero tú?
Y es que en una conversación no solo es la frase, es el conjunto:
- Emisor
- Receptor
- Mensaje
- Entonación
- Intención
- Teoría del iceberg de ambos interlocutores
- ...
Además se añade a la ecuación que es más sencillo recordar lo malo que lo bueno, también debemos explicar que nuestra mente acomoda nuestros recuerdos traumáticos para que no lo sean tanto y de esta forma que no suframos en exceso, se recuerda lo malo es cierto, pero no de la forma que ocurrió si no que lo transformamos y de forma casi natural y sin querer lo echamos en cara a la mínima.
Es posible que solo sea una reacción para demostrar, en este ejemplo en concreto, que no soy tan mala persona como creo que me está diciendo que soy.
Hay muchos otros ejemplos: como cuando un responsable, de forma inconsciente, va mellando la confianza de la persona que más destaca en su equipo. O como un profesor que va dejando en ridículo a ese alumno que sabe más que él.
Y ese es el problema, que CREO que me está diciendo que soy mala persona, y sin embargo lo único que está intentando hacer es ayudarme.
Nos sentimos atacados y luchamos. Somos animales de supervivencia.
Sinceramente, y después de mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que mi intención, jamás, fue herirle y mucho menos quedar por encima, aunque en muchas de las ocasiones así lo pareciera, fue un acto reflejo, un acto defensivo que a partir de ahora intentaré controlar.
¿Y si aprendiéramos que si alguien nos dice algo que no nos gusta, o es mejor que nosotros o sabe más que nosotros, no es un ataque si no una oportunidad de aprender?
Vale, ya sabemos por qué a veces reaccionamos como lo hacemos, pero ¿por qué nos cuesta tanto reconocer el buen trabajo?
Buscando información me he encontrado con la web psicologiaymente.com y esta frase en concreto que tanto me está marcando:“Tendemos a criticar mucho y a no remarcar las virtudes del resto. Es necesario un cambio cultural.”
Nos cuesta trabajo porque hemos sido educados en una cultura donde “todo vale”, si alguien público mete la pata el escarnio es peor que cuando lo llevaban a la plaza del pueblo, porque ahora tenemos a nuestro alcance una herramienta tan poderosa como internet y el anonimato.
Y si ya mirando a los ojos al otro, como hemos explicado, es “fácil” quedar por encima, imaginad cuán fácil y sencillo es cuándo nadie puede herirnos.
Y es que criticar es muchísimo más sencillo. De hecho en el vocabulario hay más palabras que se relacionan con cosas negativas que positivas.
Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, porque nos da igual como pueda sentirse, nos da igual el después o simplemente porque estamos actuando a la defensiva.
Con lo que, si hacemos balance hasta ahora tenemos:
- Somos animales de supervivencia.
- Es más sencillo criticar que alabar
- Nuestra cultura no se basa en el reconocimiento
Parece que no haya solución, así que aquí viene la siguiente pregunta, ¿Vivimos en una cultura donde no se valora el esfuerzo?
No, el esfuerzo se valora, el problema es que no se dice. Y he aquí el camino abierto. Si valoramos el esfuerzo, simplemente demos un paso más allá y reconozcámoslo.
He estado en tantísimas reuniones donde se hablan maravillas de otras personas, y sin embargo éstos están hundidos y pensando irse de la empresa porque jamás se les ha reconocido el trabajo bien hecho.
Y es aquí donde llega mi última pregunta: ¿por qué no hablamos con propiedad? digamos lo que está “mal”, en su justa medida, pero también digamos aquello que está bien.
Intentémoslo, dejemos las envidias y rencores, llamemos a las cosas por su nombre, y demos el reconocimiento que se merecen las personas, porque no sólo les ayudaremos en su trabajo, porque no sólo les guiaremos y les motivaremos, si no que sentiremos que nuestro trabajo, nuestro día a día ha merecido la pena.Un "bien hecho" puede cambiar el mundo :)
Dicho todo esto, y si has llegado hasta este lugar, tengo que agradecerte mil veces y más haberme leído, haber invertido tu tiempo y esfuerzo en entender mis palabras y en ver que todo lo que digo lo digo con convicción.





Lo cierto es que es curioso, porque a priori parece más sencillo y gratificante decir que alguien lo hace bien que tener que ponerte de mal humor y discutir con la otra persona. Pero es cierto que casi todos lo hacemos y le damos más peso a lo malo que lo bueno.
ReplyDeleteDicho esto vamos a practicar con el ejemplo: ¡Gran divagación! :)
Muchas gracias, es cierto que lo que a priori parece fácil luego resulta que no, y quitarnos ciertos malos hábitos va a costar =)
Delete¡Qué complicado de explicar y qué buen análisis has hecho! Creo que entro en el grupo que hablas, yo tampoco me considero mala persona pero a veces (y últimamente más) tiendo a recrearme en lo peor de cada cosa, veo los errores como "cagadas" y mi vena melodramática sale a escena con mucha más facilidad. En mi caso puedo decirte que el tratar con gente todos los días agota un poco mentalmente y llegar a casa y no tener tanta paz como quisieras es un punto negativo. Es posible que el acumular pequeños (o grandes) errores haga que cuando ese alguien realice alguna tarea bien, tienda a pensar un "es que ese es tu trabajo" o un "por fin me han escuchado" y por ello no lo halague de ninguna de las maneras. Sin ir más lejos, a veces temos los lunes por el caos que se genera en fin de semana, ayer estuve leyendo este post un poco deprisa y es por ello que hoy en vez de covertirme en una hidra, he respirado profundo varias veces (casi hasta la hiperventilación) y no he sacado al bicho que tenía ganas de pasear. He analizado el problema, he asumido que el que yo de por hecho que algunas cosas son evidente para otras personas es posible que no lo sean y he decidido dejar unas pautas bien claras para que las situaciones que no deben producirse no se repitan.
ReplyDeleteY como creo que me estoy liando, puedo añadir que el esfuerzo se reconoce... muy raras veces. Sin ir más lejos, mi hobby requiere un esfuerzo que en contadísimas ocasiones tiene el reconocimiento que creo que se merece. Pero creo que al final es porque las personas no suelen mirar más allá de lo que ven, quieren un "producto final" sin que les importe lo que ha ocurrido en el proceso.
Lo prometo gracias, gracias por leerte el post y darle la importancia que tiene, lo segundo gracias, por haberlo llevado a la práctica porque eso supone que todo el esfuerzo sirve para algo, y por último ánimo es cierto que nos llevamos problemas a casa, es cierto que eso puede hacer que nos quememos pero también es cierto que todos somos personas y a todos nos viene bien que nos dejen las cosas claras (si después de eso ya no dan señales pues eso a cada cosa por su nombre).
DeleteÁnimo y a por todas!
Pues no podría estar más de acuerdo contigo...bueno, contigo y con el resto de comentaristas! La suma de errores hace que veamos normalidad al hacer bien las cosas: es tu trabajo, decían mas arriba.... Yo uso mucho entre mis compañeros el refuerzo positivo, y he de reconocer que me es devuelto con creces, entrandoeen una espiral colaborativa muy potente. Y otra cosa, los reconocimientos no se valoran igual según de la persona que vengan, influye si es un compañero que está codo con codo a tu lado sacando las cosas o si es de tu superior que sólo ve números. El segundo quiza sea mas difícil de ver, pero no por ello ha de calarte más. En fin, yo tambien estoy divagando más de la cuenta... ya he puesto mi granito de arena en este super blog de alguien que, cuando me hace un reconocimiento, lo valoro como si fuera propio. ;-)
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